El día en el que Marlene no estuvo en San Sebastián | El Diario Vasco (2024)

SAN SEBASTIÁN. DV. Con la intención de responder a éstas y otras preguntas, iniciamos hoy un nuevo serial en el que recordaremos, y analizaremos aquellas cintas en las que nuestra ciudad tiene un protagonismo reseñable. No servirá cualquier celuloide, sino sólo aquellos que cuenten con cierto renombre y enjundia; retraten la urbe desde la distancia o hayan aportado una visión diferente, atractiva o, incluso, errónea.

Comenzamos esta semana con una de las apariciones más entrañables y sorpresivas de la capital guipuzcoana en el cine de ficción: la inmortalizada en el filme Desire -Deseo-, dirigido por Frank Borzage y estrenada en 1936. Algunos tuvieron la oportunidad de ver la película en pantalla grande en 2006 cuando ésta engrosó las filas del ciclo dedicado al alemán Ernst Lubitsch, en el Festival de Cine. Cuando, en el minuto 34 del metraje, San Sebastián hizo triunfal acto de aparición, un murmullo recorrió la sala. Es chocante que una gran producción de Hollywood eligiera la ciudad como breve telón de fondo para esta historia de amores, robos y discreto charme europeo.

Desire narra la historia de una mujer -la bella e insinuante Marlene Dietrich- que roba un collar de perlas en París y se sirve de un ingenuo turista norteamericano -Gary Cooper- para huir de Francia. En el atropellado periplo, la Dietrich recala en San Sebastián, donde tiene lugar una secuencia de poco más de diez minutos. La mayor parte del tiempo, la acción transcurre en una habitación -esto es, un plató de Burbank, California-, pero hay varios segundos de cinta en la que el espectador se deleita con unas intrigantes imágenes de San Sebastián de, primero, la playa con numerosos bañistas y el Alderdi Eder, gobernado por el Ayuntamiento; segundo, de un animado paseo de La Concha en el que pueden apreciarse sillas y mesas desperdigadas, sin orden ni concierto, tal y como ocurre en los parques parisinos en la actualidad; tercero, de las frondosas y melenudas copas de los tamarindos del paseo, llegando a conformar un oscuro pasillo vegetal y, finalmente, del antiguo hotel Continental, en cuyo interior, en la habitación 212, discurre la acción antes comentada.

Ahora bien, tras observar el metraje, surge la duda de cuántas de estas escenas se rodaron, realmente, aquí. ¿Se desplazó una unidad del equipo o, por el contrario, la mayoría de estampas -decimos la mayoría porque un plano, al menos, hubo de ser rodado en Donosti- pertenecían a un archivo? Recordemos que la famosa Casablanca no se rodó en Casablanca sino que fue una obra filmada, enteramente, en un estudio, salvo las escenas del aeropuerto marroquí. tomadas, obviamente, en el aeródromo de Los Ángeles. En el cine nada es lo que parece, de ahí que albergáramos pocas posibilidades de que un equipo de rodaje de Desire se hubiera paseado por la Concha. y muchas menos de que la Dietrich y Cooper hubieran hollado la ciudad.

Tras un breve careo con varios cinéfilos donostiarras y un encuentro con Peio Aldazabal, director conservador de la Filmoteca Vasca -al que hemos de agradecer una copia en DVD de Desire-, no logramos certezas, pero sí afianzar una de las teorías que manejábamos: las imágenes de San Sebastián, lejos de formar parte de un archivo documental, habían sido grabadas ex profeso para la película. El siguiente paso fue consultar el material bibliográfico relacionado con Marlene Dietrich, Ernst Lubitsch -productor y director de algunas escenas- y Frank Borzage -el director- con la esperanza de encontrar alguna referencia a la Bella Easo en los meses previos al estreno en 1936. Ésta no tardó en aparecer en el volumen titulado Frank Borzage, Sarastro en Hollywood, de Hervé Dumont, reeditado en castellano en 2001 por el Festival Internacional de Cine de San Sebastián y la Filmoteca Española. En la página 263, en los párrafos dedicados al rodaje de Desire, el autor escribe: «En septiembre de 1935, el estudio -la Paramount- envía a los operadores Erick Locke y Harry Perry a filmar los stocks shots -planos de recurso para archivo- a Europa (París, Mougins, San Sebastián, Toledo)..» Ello explicaría el clima veraniego que se respira en las tomas.

Por supuesto, ni Marlene Dietrich, ni Gary Cooper se desplazaron a los citados lugares: la magia del cine -y el millón y medio de dólares de la época que costó la obra- se encargarían de hacer el resto. Aún así, resulta harto atractivo rastrear los diálogos de uno y otro actor en pos de referencias donostiarras, como así ocurre cuando la protagonista pregunta a uno de sus cómplices: «¿Se quedará mucho tiempo en San Sebastián, excelencia?». A lo que éste responde: «No, no. Me temo que no, este clima no es bueno para mi salud». Seguimos con los datos curiosos. Uno de los momentos más tensos está protagonizado por un tal Ávila, «del Departamento de Policía de San Sebastián» -según la versión doblada- que acude a la habitación 212 con la intención de hacer unas preguntas a Marlene Dietrich. Paradójicamente, el papel de este agente -con perilla y unas pobladísimas cejas- está interpretado por Akim Tamiroff, un actor de orígenes armenios, de ahí ese exótico acento que a los rectores de Hollywood, imaginamos, les evocaría la lejana Europa.

'Diario de San Sebastián'

Pero, sin duda, la hilarante visión -extranjera, distante y extraña- que tienen los norteamericanos del Viejo Continente, la exótica España y este glamouroso rincón del País Vasco queda de manifiesto en el periódico que ese mismo cómplice lee poco antes de encontrarse con Dietrich. En éste -titulado Diario de San Sebastián'y subtitulado El periódico de los intereses populares- destaca una noticia, la única, escrita en castellano, que hace hincapié en el ardor latino y el machismo celtíbero: «Una mujer que se mata para no divorciarse».

Choca también la fecha de la gaceta -un veintialgo de diciembre, la cifra es difícilmente inteligible- en contraste con la vitalidad veraniega que transmiten los tamarindos y los numerosos bañistas que hay en la playa.

Lo dicho: la magia del cine. Gracias a ésta, San Sebastián también se convirtió en el Berlín nazi y tuvo una perturbadora relación con el remake de 2006 de La Profecía.

Pero ello es otra historia...

El día en el que Marlene no estuvo en San Sebastián | El Diario Vasco (2024)

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